Todo empieza con la muerte.
Sí, la muerte desencadena esos nudos en nuestro interior, el dolor de la pérdida hace que exploten esas cosas sin sentido en nuestro interior, comenzamos a acumular materia liquida, sólida y la ira brota desde el pecho hasta la frente de alguien más. Confundimos nuestras ideas, sueños y pensamientos, nuestra cordura se afecta, encontramos un sentido incoherente a todas nuestras verdades nos convertimos en mentiras, perdemos el sentido de realidad, nos alejamos de lo que anhelamos y nos ponemos en busca de una identidad.
Que ingenuos somos, creyendo que la muerte es una pauta para comenzar de nuevo, la muerte es la muerte, no hay fin ni comienzo de nada. La muerte es dolor, hastío, cordura y creemos que con el llanto limpiamos culpas que la muerte olvidará, pues no, no es así, la muerte no olvida, se queda, nos persigue y asecha, nosotros somos sus víctimas! Nosotros los vivos, nosotros los ingenuos que creemos en los versos y el amor.
De nosotros se alimenta, consume nuestro tiempo, quema nuestro amor, nos entiende y nos soborna con dinero, nos huye si intentamos alegar.
Sin ella no somos, no estamos, no existimos, sin la muerte no morimos, no renacemos.