Cada mañana el aire fresco entra por mi ventana, el canto del ave despierta lentamente a mi oído, y el sutil aroma del pan recién horneado me despierta del trance en el que me encontraba.
Me levanto y encuentro en mi ventana los frutos amarillos que me regala el árbol cada temporada, respiro profundo y te envío un saludo a donde estés.
El día comienza y me ínsita a cambiar al mundo, observo detenidamente los colores de mi habitación, tomo los accesorios necesarios y dejó el agua correr sobre mi piel.
Camino con calma a alimentar el alma, me detengo sobre la tierra verde a saborear un poco de sabiduría, y al sentir fuego en el cuerpo me dispongo a caminar sobre el día.
El destino esta claro, la dirección es incierta, pero tu voz en mi mente me atrae lentamente, al lugar equivocado llegare este día, pero mañana te encontrare a mi lado.
El viento se torna frío, el sol se ha ocultado, y el trabajo del día a dado fruto, tiempo de regresar a los colores cálidos en mi habitación.
Un último beso, y el cuerpo cae de un solo golpe, los párpados se cierran y el corazón se detiene.
Quedo atrapada en los brazos del sueño, un sueño que da vida a un nuevo sol, a una mañana, a un nuevo sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario