domingo, 4 de noviembre de 2012

Así es este mundo en el que vivimos, y por el que morimos.

Como quisiera que las cosas fueran simples, y no tuviera que responder a las preguntas inquisitivas de una sociedad homónima de carácter irreal.
Los cuestionamientos giran en mi cabeza cual ropa en la lavadora, solo que esos cuestionamientos no se ensucian ni se lavan, son cuestionamientos capciosos, y ociosos sin un fin determinado, y provocan en mi, una nausea vagabunda y permanente.
La negación, la aceptación, lo correcto y lo incorrecto vuelven a ser parte del decir cotidiano y no dicen nada, no callan, no hablan, solo permanecen ahí constantes y aturdentes.
Existe un precio a pagar por defender tus ideales, tus sentimientos y emociones, y ese es el tener que pelear por ellos constante e incansablemente.

No encuentro las palabras ni las frases que encajen coherentemente en las líneas que quiero contarte y platicarte despacio, son errores y locuras que le dan a mi día un poco de ti envuelta en ese delicioso sabor agridulce que tanto me fascina de ti.

Las notas pierden su sentido cuando comienzo a pensarte, pues se vuelven contigo a tu favor, y comienzo a escribir de ti y para ti, tratare de retomar lo que en primera instancia intentaba decir.

Entonces, no hay un bien, no hay un mal, no hay incorrecto o correcto, hay un individuo, un sentimiento, una idea, un pensamiento, una acción, una reacción, un momento, un instante en el que hay chispas desbordando el pecho y la razón de alguien, existe la locura, y existe ese momento en que en sus ojos conoces la verdad, conoces tu verdad, y es ese preciso instante en el que rompes la conexión, pones tu barrera, y el miedo te controla, sí, el miedo, y es el quien hace de ti el error, lo incorrecto, lo malo, y entonces respondes erróneamente, calculas tus pasos, dejas de entregarte a esa pasión que mueve tu espíritu, matas a tu espíritu, matas a tu pasión, matas a tu amor, y te entregas a un sin número de reglas, de líneas rectas y cuadrados, la sociedad te moldea a su imagen y semejanza, y entonces todo comienza a estar mal, a ser incorrecto, y olvidas a tu yo, y pierdes tu identidad.
Razones para remar contra corriente, ¡Siempre lucha por tus ideales!, ¡Defiende quien eres!, y si no estas dispuesto a enfrentarte a quien eres, entonces guarda silencio y respeta a tus semejantes que han decidido ¡Ser fieles a si mismos!

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