viernes, 28 de diciembre de 2012

Sí, eso.

Estoy a punto de rendirme. Y pensar que he recorrido el camino hasta aquí, sola.
No quiero alejarme demasiado, quiero llegar al límite del mundo, si es que existe. Divagar en el infinito.
Siento que mis pies ya no avanzan, me daré por vencida. Regresare al hogar paterno y cederé a los deseos del mundo.
Estoy a un paso de rendirme, frente a la puerta de la cuna materna. Estoy perdida. No veo con claridad.
La sangre me llama, me invita a rendirme y a enterrar mis anhelos.
Obedecer es fácil, ¿por que no hacerlo?, será mi destino, simplemente obedecer. Obedecer a los que me han dañado, a esos que llaman familia, a esos, que dicen me aman, obedecer...
Mis fuerzas para pelear se esfumaron, mis puños se cansaron, perdí la imagen del tesoro, perdí la esperanza.
Estoy muerta, ¿Que más da?, rendirme, eso, rendirme, ya estoy muerta.
Mis anhelos y deseos se perdieron, se olvidaron.
Los recuerdos me atormentan, la nostalgia me asecha, me persigue, y estrangula mis sentidos, mis razones, lentamente asesina a mi conciencia, ¡muero! ¡No! Ya estoy muerta.
El vacío de ilusiones se va colmando poco a poco de verdades y de irrealidades, realidades falsas y confusas, me estrangulan los deseos conformistas de mis antepasados.
¿Llegaré? ¿Lo lograré? ¿Me rendiré?
¿Matarme dices? Sí, tal vez, eso.

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