viernes, 30 de septiembre de 2016

El amor de septiembre

Septiembre siempre llega con amor, es mi primavera. Me conoce y me acerca a cierto anhelo. A veces se queda, a veces solo es relámpago.
Septiembre llegó con ella. 
Septiembre acabó y ella se queda.
No sé por cuánto tiempo, no conozco aún sus intenciones, pero ya me presento a su madre.
Hace tanto que no siento, que no sé si he bloqueado por fin las emociones. No sé si culpar a otros o si son mis miedos.
Ella está presente, en contra de cualquier apuesta, en contra de mi sabotaje personal.
Ella está presente y la veré mañana. 
Quizás sea solo un encuentro, quizás sea solo amiga, quizás aún no es tiempo de saber esos detalles que importan poco cuando lo demás está presente.
No sé si es amor, ya no lo reconozco. Me he dañado tanto a mi misma que ya no sé si estoy llegando al cielo o voy en picada.
Ella está presente. Ella escribe. Me responde. Y hasta se preocupa. 
Yo no sé quién es, no sé cómo acercarme, como decirle que quiero conocerla. 
Siempre tengo entre la lengua las preguntas más absurdas que son las que más me gustan.
Me olvide de la espontaneidad. Actúo como esta mujer que tiene todo bajo control... y no soy esa mujer. 
Soy despistada, tonta, rara. Me gusta comer en la cama, nunca dejo migas.
No soy valiente, ni centrada. No me gustan los trabajos normales.
Disfruto el viento en la cara y jugar con mis instrumentos aunque no sepa cómo se llamen.

Ella está aquí, tal vez quiera conocerme, no lo sé, eso creo. Soy insegura y nunca se hacía donde se dirigen las palabras. No pongo atención, siempre me distraen mis pensamientos. 

Me ha invitado a salir y ha aceptado salir conmigo, no se hacía dónde vamos. No recuerdo haberme sentido tan segura de no saber nada. 
Creo que es el subconsciente gritándome que no tengo ninguna oportunidad ahí y por eso me siento tan segura aún sin tener certeza alguna.

No ha pasado nada, ella es despistada, más que yo, creo. Se le olvida lo que ya me ha platicado, se le olvida lo que le he contado. Pone atención, pregunta y parece que no pierde esperanza de descubrir lo que pienso.

Me siento tonta porque no sé que contarle, no sé cómo decirle que soy de esas personas que se tarda en sentir, en creer.. que nunca me quedan claras las pequeñas indirectas. 

Ella está aquí y yo también. No siento nada. Me gusta estar, parece correcto.

¿Será que pronto.. algún día.. vuelva mi estómago a sentir terremotos?

Sabemos que se ha colado en esa imagen casi sagrada que no había cambiado en muchos años. 

Será que vuelva a sentir, todos esos arcoiris internos?

Septiembre termino. Pero acaso dejo en mi casa amor.?

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